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ESPÍRITU

98. ESPÍRITU

LA cuestión es dilucidar si existen o no los espíritus. O hay o no hay. Según se piense en esta cuestión se verán todas las cosas de una u otra forma. Todo cambia conforme sea nuestro criterio respecto a los espíritus. Si uno no cree en el espíritu -porque ha llegado a la conclusión de que sólo son reales los fenómenos tangibles, mensurables y demostrables científicamente- queda automáticamente eximido de rezar, de ser superticioso, e incluso de tener miedo. Pero si uno abre la puerta a la creencia en los espíritus la cosa cambia. Porque entonces uno puede legítimamente temer a los espíritus malignos y amar a los bondadosos. Caben entonces la oración, y la fe en la otra vida, y en Dios, y en los ángeles, y en las almas en pena. En cuanto uno empieza a creer en los espíritus el mundo crece en una explosión de infinitos colores y formas. La historia y el futuro se alargan en un antes y un después inabarcables, infinitos. Si no se cree en los espíritus no existe nada más que la escueta crónica de los sentidos y todo se empobrece, se acorta, se seca. No es verdad que sea más abierto el hombre inmanente que el religioso. El espiritualista tolera siempre mucho más que el materialista. La persona con espíritu tiene más paciencia, soporta mejor, cree más, respeta más, espera más y se resigna más. En cambio la mente esférica y perfecta del racionalista increyente no soporta el misterio, no tolera los milagros, ni la muerte. Los que creemos en los espíritus sabemos que las cosas invisibles existen. Por eso tenemos ESPERANZA.

F. Javier Garisoain

CONFESIONALIDAD

85. CONFESIONALIDAD

CONFESAR es decir a alguien la verdad en la que se cree. Confesional es quien confiesa. Aconfesional es quien -por la razón que sea- no confiesa. Confesar es pues hacer una confesión. Ahora bien, suponiendo que el vacio mental no existe y que todas las personas creen en algo ¿es posible vivir sin confesar nunca a nadie la verdad en la que se cree? ¿Es posible ser siempre aconfesional? La confesionalidad o aconfesionalidad no se refiere pues tanto a la persona -que es necesariamente un ser confesional- como al momento. Si estuviésemos todo el día con un altavoz en la mano rezando el Credo no seríamos más confesionales sino más chiflados. Y de la misma forma, si nunca confesáramos nada a nadie no seríamos propiamente aconfesionales sino anormales. El debate sobre la confesionalidad o aconfesionalidad de los cristianos en la vida pública es una vieja trampa en la que seguimos cayendo como borregos los ingenuos y poco astutos “hijos de la luz”. Gracias al “tapabocas” de la a-confesionalidad consiguen los enemigos de la Iglesia que los católicos nos quedemos calladitos precisamente cuando llegaba el momento preciso de decir a alguien la verdad en la que se cree. Y encima nosotros  pensamos que hacemos bien porque asi no discutimos, porque así no incomodamos a nadie, porque así todo sigue como si nada pasase. Pero claro que pasa. Aquellos que son confesionales del relativismo, confesionales del laicismo, confesionales del puro bienestar, confesionales del islamismo, confesionales del marxismo, confesionales del esoterismo, confesionales de la “nueva era”... no se dejan acomplejar como nosotros y por eso se llevan al gato al agua. La confesionalidad es un bien. Y un bien mayor si lo que se confiesa es la Verdad. Y si estoy equivocado en confesarlo confieso que será la Iglesia quien me haga CALLAR.

F. Javier Garisoain

ESPERANZA

59. ESPERANZA

MIENTRAS hay vida hay esperanza, dijo Teócrito. Por eso la mayor esperanza es la de quienes esperamos la vida eterna. Todas las demás esperanzas no son sino destellos de esta virtud cristiana que crece cuando peor van las cosas. No es que sea lo último que se pierde. Es que al final, si la esperanza es auténtica, es la cosa más grande de todas las que restan al llegar la hora del naufragio. El fundamento de la esperanza, como el de la alegría despreocupada de los niños, es la confianza en Dios. No hay otro. Por eso, aunque también a los que esperamos en Él nos preocupen los males, sabemos que ninguno de ellos nos hará perder la esperanza. Esperanza que nace de saber que las cosas son lo que son; y de saber a ciencia cierta que no existe nada que garantice la felicidad de los hombres sino los Mandamientos de la Ley de Dios. Los hombres del siglo XXII -si es que han que ser felices- lo serán por hacer y pensar cosas sencillas y primitivas. Serán felices por pensar llegando a conclusiones; lo serán amando a su cónyuge y a sus hijos. Serán felices mientras crean con Aristóteles que "esperar es como soñar despierto". Serán desgraciados mientras crean con Nietzsche que "la esperanza es el peor de los males porque prolonga las torturas de los hombres”. La verdadera tortura es la mentira de quienes matan la esperanza haciendo del mundo un inmenso tanatorio, pulcro y ordenado. Si hemos de ser felices, cada vez que queramos empezar de nuevo, cada vez que sintamos la necesidad de limpiarnos, no tendremos más remedio que hacer las mismas cosas que durante siglos han hecho los santos: adorar a Dios, celebrar las fiestas, honrar a los padres, cuidar a los demás, vivir castamente, dar con generosidad, decir la verdad, pensar con limpieza, congratularnos con los éxitos ajenos... y tener una esperanza bien fundada. Porque lo importante de ese “estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos” no es el optimismo sin sentido, sino ese grado de posibilidad que sólo Dios puede GARANTIZAR.

F. Javier Garisoain

INCOHERENCIA

54. INCOHERENCIA

EXISTE una clase de incoherencia que tiene que ver con la humana fragilidad en el obrar. Es lo que algunos llaman apertura de mente, liberalismo de costumbres, o incluso enfermedad. En la Iglesia lo solemos llamar pecado. Pero hay otras incoherencias peores. Me refiero a las mentiras que se manifiestan no tanto en la práctica sino en la teoría, en el discurso y en los razonamientos. Son incoherentes, por ejemplo, los que rechazan lo militar mientras animan el reclutamiento de la mitad femenina de la humanidad; también los que aumentan la publicidad pero critican el consumismo; y los que nos atontan con la televisión y después se lamentan de que la gente no participe; y los que denigran a las amas de casa y luego no saben qué hacer con los niños, los enfermos y los ancianos; y los que piden una educación mixta en la infancia y fundan una asociación homosexual en la madurez; y los que viven del petroleo y no quieren petroleros; y los que reparten preservativos y quisieran frenar las enfermedades que causa la promiscuidad; y los que dicen que todos somos iguales y luego se extrañan de que un animal golpee a su mujer; y los que crean ciudades inhumanas y no saben atrapar en ellas a los terroristas; y los que niegan a Dios pero blasfeman de Él... Me temo que éstas y muchas otras incoherencias son peores que las vulgares flaquezas de los hombres. Porque cualquier intento teórico de justificación no hace sino multiplicarlas. Porque las incoherencias prácticas sólo se remedian pidiendo PERDON.

F. Javier Garisoain

FAMILIA

52. FAMILIA

EL deseo de tener una familia -como la energía o la fe- ni se crea ni se destruye, se transforma. Cuando falta la fe en Dios se suele buscar en un totem o en el índice bursátil. De la misma forma sucede que cuando no hay familia como Dios manda se nos ocurren otras cosas. Ni siquiera el robinson crusoe más aislado sería capaz de eliminar de sus aspiraciones más profundas esa necesidad de tener una familia... o algo parecido. En la lengua latina “familia” procede de “famulus”, que significa sirviente o esclavo. La idea de familia es inseparable de la idea de servicio. Allí donde dos o más se encuentren reunidos para ayudarse habrá una “familia”. Con esta aclaración etimológica no pretendo defender la desafortunada expresión “otras formas de familia”. Una prótesis ortopédica no es “otra forma de pierna”. Una flor de plástico no es “otra forma de flor”. Es lógico y muy humano que una pareja de hecho, una comuna, un piso de estudiantes, una comunidad monástica, una empresa, o una tripulación en la antártida, tengan rasgos similares a la familia natural. Para bien y para mal, porque cualquier convivencia presupone tanto las virtudes que nos hacen felices, como los pecados que se dan “hasta en las mejores familias”. La diferencia entre la familia natural y la de plástico es que la primera nace de la promesa mutua, solemne, perpetua y pública que formulan por amor un hombre y una mujer. Todo lo demás que se nos ocurra, más o menos humano, ha de proponerse sin engaños. Porque lo que es absurdo y poco inteligente es acercar la nariz a una flor de PLASTICO.

Javier Garisoain

FUNDADORES

50. FUNDADORES

FUNDADORES es lo que nos manda Dios cada vez que vuelve a compadecerse de nosotros. Un santo fundador es una especie de profeta que, después de muerto, prolonga su voz y sus manos bienhechoras con una orden, una institución, una compañía, una obra, una hermandad, un movimiento, una empresa. Pero no seamos ingenuos: también el demonio tiene sus fundadores, esforzados anti-profetas cerradores de puertas, plantadores de árboles torcidos, sembradores de odios y mentiras. Contemos con todos ellos. Con los primeros, con los Santos, para ser fieles al espíritu de su fundación. Con los segundos, si es que tenemos la desgracia de militar o colaborar con alguna de sus obras malditas, para abandonarla sin pena en cuanto descubramos que nos repugnan los principios que dieron lugar a su nacimiento. No se puede discutir con un hereje otra cosa que no sean los principios del fundador de su herejía. No es posible reparar un daño crónico con maquillajes. Hay que ir siempre a la raíz. Para bien y para mal la clave está en los fundadores. Seamos fieles siempre al espíritu de los fundadores inspirados por Dios, por muy pobres que parezcan hoy sus resultados. Combatamos siempre al espíritu de los fundadores torcidos por mucho que reluzcan sus conquistas. Seamos fieles a los fundadores de Dios, empezando por el Fundador de la Santa Iglesia. Esforcémonos por resolver el problema planteado en su día por cada uno de aquellos otros fundadores. Esta clase de debates es la decisiva. Esta clase de combates es la FUNDAMENTAL.

F.Javier Garisoain

ADEPTOS

49. ADEPTOS

LOS griegos llamaban “adepktos” a los ciegos. No lo negaré: algo cegados si que estamos todos cuando seguimos a alguien o a algo. Somos un poco adeptos porque somos humanos, y porque no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Pero siempre hay grados. Por eso me atrevo a decir que los cristianos somos los menos adeptos del mundo. La Iglesia no nos pide cerrar los ojos sino abrirlos a la contemplación de lo visible y lo invisible. No somos pues adeptos, sino videntes. Si la fe se pinta ciega es porque prestó sus ojos a los que creen. Los hombres de fe han visto siempre más cosas y han entendido todo mucho mejor que los incrédulos. Profesar el cristianismo agudiza la vista. Los profetas, los sabios verdaderos que son los santos, los místicos, son capaces de ver el futuro, lo escondido y lo invisible. Los cristianos no lanzamos hipótesis de trabajo sobre el sentido o el origen de la vida. No necesitamos palpar las paredes en la tiniebla. Los cristianos conocemos ya gracias a la luz de la fe el por qué y el por Quién de casi todas las cosas, y por eso lo vemos todo con mayor claridad. Y por eso estamos muy contentos cuando observamos que todo encaja. ¡Vista y al toro, cristianos! Sigamos con los ojos bien abiertos, sin miedo a la verdad multicolor. Que no somos adeptos sino hijos de la luz. ¿Quién será más ciego? ¿El hombre libre que busca y encuentra y ve la verdad o el teleespectador que se limita a mirar lo que pasa ante sus ojos mecánicos? Que no nos cambien la contemplación por la TELEVISION.

F. Javier Garisoain

DUDA

48. DUDA

LA duda es una nube que pasa sin llover. La duda es un regalo de reyes sin abrir. La duda tiene la emoción de la olla exprés y nada más. La duda es un tren que no sabe si atropellar o descarrilar. La duda es un avión que no quiere estrellarse y  por eso no aterriza, pero al final se estrella. La duda es siempre nueva, es decir, siempre inútil, siempre ignorante. La duda es el humo oscuro que surge de las cosas que se queman con certeza. La duda es un cuchillo sin afilar, un martillo ligero, una cuchara agrietada. Los sabios dudan cuando se rascan la cabeza, pero no cuando escriben. El que escribe nunca duda. El que no duda puede confundirse mucho, pero el que duda se equivoca siempre. La duda es la cizaña del cerebro. La duda es la anti-ciencia, al anti-historia, la anti-filosofía. Quien duda no tiene voz ni voto hasta que deja de dudar. El que impone sus dudas a los niños hace más daño que un hereje. La duda es la mentira contada de forma mentirosa. Es una mentira a medias. Es una mentira que se guarda por si acaso. Dudar es subir una escalera sin escalones. Es querer y no querer. Es despreciar el tiempo que Dios nos regala. La duda corrompe al ingenuo, embota al sabio, rompe los lazos sociales, debilita el amor y la fe. La duda hundió a San Pedro cuando caminaba sobre las aguas. La duda es el fantasma de Pilatos, aquel que no quiso complicaciones. La duda es una enfermedad. ¿Por qué entonces tiene la maldita duda tan buena prensa? ¿Qué es lo que han visto en ella los ideólogos de moda para convertirla en la virtud estrella de los poetas muertos?... No lo SE.

F. Javier Garisoain

RELIGIOSIDAD

47. RELIGIOSIDAD

LA han llamado “popular” en tono despectivo. Como si ser cosa del pueblo fuera pecaminoso. La religiosidad colorista de las mil iglesias locales ha soportado lustros de risitas y menosprecios pero vuelve como siempre, purificada y fortalecida para manifestar la fe de la buena gente. ¿No se daban cuenta aquellos críticos sesudos que es ésta humilde y a veces infantil religiosidad popular casi nuestra única oportunidad de respirar aire puro? ¿Es que no se asfixiaban en el ambiente enrarecido de su catacumba?. Si no fuera por las procesiones, la Adoración Nocturna y las romerías tendríamos una iglesia de puros teólogos. Una iglesia nebulosa de sabios ilustrados. Una cabeza sin cuerpo. Una flor marchitándose sin tierra. Un precioso hongo subterráneo exquisito, raro, aislado. La religiosidad popular continúa la Misión en los caminos de Santiago, de Javier, y del Rocío. Empuja a la Iglesia a la predicación en las calles alfombradas del Corpus Christi. Representa los misterios de la pasión de Cristo a los ojos de todos los públicos. Levanta un portal de Belén en cada escaparate. Grita "¡aleluya!" con la voz de bronce de las campanas. Se vuelca en miles de estampitas que producen millones de jaculatorias, villancicos, novenas y rosarios. A los romanos que desfilan junto al  Ecce Homo, a los pajes de los Reyes Magos que lanzan caramelos en la cabalgata, a los "Sanjosés" de barba postiza que posan en cada Belén viviente, a todos los devotos, penitentes y cofrades. Esta religiosidad llamada popular nos hace a todos MEJORES.

F. Javier Garisoain

MAL

45. MAL

DICE la sana filosofía que el mal no tiene entidad; que es la ausencia de bien. Por eso decir que lo contrario de lo malo es lo bueno es como decir que lo contrario de medio perro es un perro entero. No señor. La antítesis del mal no es el bien debido, sino la sobreabundancia de bienes. El antónimo de pecado no es neutralidad, sino virtud. Lo único que puede contrarrestar el egoismo del mundo no es la justicia, sino la caridad gratuita. ¿Por qué gana el mal tanto terreno tantas veces? ¿En qué consiste esa fuerza irresistible que esparce los males en nosotros mismos y por todo el mundo? La maldad cuenta con dos bazas a su favor. Por una parte nos engaña porque esa carencia de bien nos da pena. Es una especie de debilidad delicada que la hace amable. Es sabido que lo malo triunfa siempre por el bien que tiene. ¡Cuántas veces aumentamos el mal pensando en disminuirlo! Además hay otro factor que multiplica los males: su comercio. O sea, que el mal se puede comprar. La bondad no. Por eso el dinero tiene tan mala imagen. Porque aunque se puedan comprar los bienes concretos y neutros, nadie puede comprar amor o caridad. Se puede pagar a alguien para que peque, pero nadie es bueno sólo por dinero. No hay mercenarios para el bien y sí para el mal. Porque si alguien obrase bien sólo por el pago pecaría de avaricia y entonces ya no obraría bien. Dios, que todo lo sabe, sólo pide amor desinteresado. Y nos propone la única solución para nuestros males: ahogarlos con abundancia de BIEN.

F. Javier Garisoain

CATOLICISMO

43. CATOLICISMO

DIGAMOS mejor catolicidad que catolicismo. De esta forma no pondremos al Reino de Dios a la altura de otros -ismos, paranoias estéticas de  nuestro tiempo. Digamos en cualquier caso que la verdadera universalidad -la catolicidad- es un invento de la Iglesia. Es verdad que hubo imperios antiguos que consiguieron la unidad política de razas diversas. -La misma Iglesia se fraguó en el molde del mosaico cultural romano-. No desprecio aquellas unidades. Pero eran cohesiones basadas en la fuerza y el dominio de una etnia o una cultura sobre las demás. También reconozco que existe una cierta universalidad en otras religiones: todo lo espiritual es universal. Por eso durante mil años las fronteras del mundo fueron religiosas: el Islam, la India, la China... y la Cristiandad. La diferencia es que el catolicismo siempre fue más internacional, más global, más ecunénico, más católico en fin que nadie. El Islam es árabe; el hinduimo, indio; el confucionismo, chino. La Cristiandad en cambio fue primero judía, y luego -a la vez- africana, y después romana, y europea, y hoy es americana, y mañana será lo que Dios quiera. Quien no lo sepa que visite el Vaticano multiétnico de nuestro tiempo para darse cuenta de lo que significa ser católico. Y si no se convence todavía que reflexione sobre la no-catolicidad de los sarmientos desgajados de la Vid. Ramas estériles que pretendían globalizarnos con imperios económicos, con internacionales de clase, con razas superiores... En fin: menos globalización y más EVANGELIZACION.

F. Javier Garisoain

SERMONES

42. SERMONES

LOS curas y las monjas y los cristianos en general tenemos fama de pelmas. Y cuanto más santos, más plastas. ¿Y sabe Vd. por qué nos gusta sermonear? Pues porque creemos en la libertad. La Iglesia cree, de verdad, en la libertad del hombre. El mundo no tanto. El mundo no produce sermones sino leyes o publicidad. No arguye, legisla. No convence, tienta. Los cristianos creemos en una libertad aterradora, alucinante, que permite a ese microbio llamado hombre cerrar la puerta al Dios que lo hizo. Creemos en esa libertad mágica, grandiosa, que deposita en la voluntad de un gusano la facultad de abrir las puertas a Cristo. Por eso sermoneamos, por eso hemos inventado los púlpitos y las homilías, las misiones y los ejercicios espirituales. Por eso predicamos a diestro y siniestro. A veces de mala manera, otras con caridad exquisita, pero siempre con la idea de que es un hermano libérrimo el oyente a quien nos dirigimos. No nos basta con dictar una ley. Ningún predicador enumeró los Mandamientos sin procurar argumentos para su cumplimiento. No nos satisface la pura propaganda si no va acompañada de un buen sermón. Porque la evangelización no es una campaña de marketing. Porque no pretendemos un movimiento subliminal de adhesión en favor de "nuestro" producto, sino un movimiento libre de la voluntad que da paso al querer querer, al amor. Desconfía de los que no sermonean, de los que aparentemente te dejan ir a tu aire. Quien no te sermonea es que no te QUIERE.

F. Javier Garisoain

HUMILDAD

41. HUMILDAD

SI yo fuese humilde estaría orgulloso de serlo. De lo que no estoy orgulloso es de mi orgullo. La humildad es esa virtud que predica y practica la Iglesia cuando llama al Sumo Pontífice “siervo de los siervos de Dios”. Es la que se ofrece en miles de consagrados en forma de votos de pobreza, castidad y obediencia. Es, en fin, la que nos manda ser como niños. El mundo ensalzó siempre al fuerte y orgulloso. También los cristianos pecamos de orgullo, (y pedimos perdón por ello). Pero desde la llegada del profeta Nietzsche el mundo moderno proclama desvergonzadamente lo contrario: “Sé el mejor, el más importante. Procura que los demás te sirvan.” Se creen que matando la conciencia dejarán de ser pecadores. ¿A dónde llegará un mundo que ha cambiado el “ser como niños” por el “ser como viejos”? Y sin embargo la humildad sigue siendo una virtud muy práctica, y si no que se lo pregunten a los científicos. Los ideólogos anticristianos cierran el circulo de la elucubración mental en este triángulo: “sólo creo lo que veo; sólo veo lo que quiero; sólo quiero lo que creo”. En cambio el ambiente oxigenado por la humildad es el único que permite pensar con rigor. ¿Y dónde se podrá respirar así sino dentro de la Iglesia católica? ¿En qué otro lugar queda humildad suficiente como para encontrar la Verdad de las cosas?. Sólo desde la humildad cristiana se percibe en su verdadera dimensión la miseria de la condición humana. Sólo los cristianos entendemos con claridad que el viejo más viejo es un niño para DIOS.

F. Javier Garisoain

IDEOLOGÍA

37. IDEOLOGÍA

EXISTEN dos maneras de pensar: O pensar con arreglo a una ideología, elucubrando con nuestros amigotes sobre el por qué las cosas son como son, desperdiciando días enteros en leer paranoias de escritores orgullosos, haciendo caldo de cultivo mental para la producción de virus filosóficos, frunciendo el ceño como si fuéramos una caricatura malvada del Creador, haciendo abstracciones ideales para reconstruir los hechos con sólo cuatro de los cuatro millones de factores que han intervenido en esos hechos, intentando justificar nuestros vicios o el ansia de poder del señorito que nos paga el sueldo de filósofo oficial con teorías perfectas y redondas y brillantes como globos llenos de aire, sumándonos al carro del ideólogo de turno y adoptando la moda del -ismo más en boga, firmando un manifiesto de intelectuales más gafosos que famosos, haciendo abstracciones irreales y repitiéndolas mil veces hasta que parezcan verdad... O bien pensar correctamente, como Dios manda, con rectitud, libremente, con la humildad del que sabe que cada uno de nosotros no es mas que un vil gusano recién llegado a la historia, aceptando nuestras limitaciones, entendiendo que la mayoría de las cosas que SON nos trascienden, sabiendo que todo lo mejor que tenemos es un regalo, apoyándonos en los dogmas de la razón que vemos y en los de la fe que nos han contado, confiando en el sentido común de la gente sencilla, en el realismo ingenuo de los niños que gozan descubriendo la verdad de las cosas. Existen dos maneras de pensar; pero sólo una de VIVIR.

F. Javier Garisoain

SOPA

33. SOPA

¿POR qué se me ocurre ahora hablar de la sopa -menuda tontería- entre estos “babelicismos”? Tal vez sea porque -en general- admiro los grandes inventos: el fuego, la rueda, la sopa. O tal vez porque se me ha ocurrido ver en la sopa una metáfora simplona de ese alimento sustancioso que es la presencia de Dios mismo en toda su creación. Recuerdo que en aquellos años de las tertulias universitarias, -cuando pasaba las horas discutiendo en una desapacible esquina con un grupo fraternal autodenominado “Los amigos de helarte”- alguien me pidió que no metiese a Dios “hasta en la sopa”. Y yo le dije que también la sopa había que hacerla “como Dios manda”. Los deístas dieciochescos del frío “Ser supremo” despreciaban la sopa boba de los conventos. En cambio los pobres soperos intuían agradecidos el hueso del jamón en aquella sopa de forma análoga a como el creyente saborea la presencia del Creador en la vida de sus criaturas. Yo no digo que Dios sea la sopa porque eso sería panteísmo. Tampoco digo que Dios sea ajeno a la sopa porque eso sería deísmo. Yo lo que afirmo -con toda la Iglesia- es que Dios está “hasta en la sopa”. Y que allí donde no está es porque nosotros no hemos querido. Esta analogía de la sopa es muy pobre, lo reconozco, pero no es blasfema. Lo que quiero decir es que Dios no ha dejado el mundo de su mano. Que es nuestro padre y que nos quiere. Que quiere que hagamos las cosas “como El manda” y que quiere que le tengamos en cuenta permitiendo que su Espíritu todo lo ilumine y todo lo sustancie con su presencia... “hasta en la SOPA”.

F. Javier Garisoain

MUERTE

32. MUERTE

ESTARIA bien que la gente nunca se muriese. A condición, claro está, de que tampoco existiera el dolor porque supongo que quedarse en este mundo eternamente dolorido y achacoso se parecería demasiado a eso que llamamos infierno. Si no existieran ni la muerte ni el dolor nos pasaríamos el día con la mano en el fuego y dejándonos atropellar por los coches. En tales circunstancias nadie experimentaría el alivio de salvarse de las llamas ni del tráfico moderno. Y al no soñar con la salvación no podríamos ser felices. No habría bomberos ni semáforos y las ciudades estarían tan calcinadas como llenos de bollos los vehículos. Si nadie se muriese no nos quedaría a los supervivientes esa especie de alegría insana que sentimos al leer que se ha caído un avión en el que no volábamos. No habría médicos, ni ambulancias, ni funerarias. Tampoco guerras, ni fábricas de aspirinas, ni de ametralladoras. Serían insípidos los periódicos sin muertes que contar. No habría cementerios, ni historias de fantasmas. No habría más historia que la memoria de cada cual. Si nunca nadie se muriese el mundo sería distinto pero no me atrevo a decir que mejor. El mensaje machacón que nos vende el pensamiento único neopagano es éste: “hagamos un mundo sin muertos”. Es un llamamiento engañoso porque no dice que si la muerte y el dolor están por todas partes será porque así conviene. Haríamos bien los cristianos en temer menos a la buena muerte y más a la mala vida. Haríamos bien en temer más no a lo que mata el cuerpo, sino a lo que mata el ALMA.

F. Javier Garisoain

AMOR

31. AMOR

LA primera acepción del diccionario de la Real Academia lo define como un “Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido”. Dicho en cristiano: que amar es querer el bien de la persona amada. Alimentar, peinar, escuchar o rascar la espalda a la persona amada pueden ser peldaños en el amor que procura el bien del otro. Pero a ningún loco se le ocurriría decir que basta uno de esos peldaños para completar la escalera del amor. Y sin embargo hay locos con pinta de cuerdos que después de hacerse el muerto, hacer la pelota, hacer una broma y hacerse el simpático creen que se puede “hacer el amor” sin amor. O ser cordial sin corazón. O darse con egoísmo. O jugar a disgusto. Me dan nauseas esos corazoncitos de neón que palpitan en las fachadas de los prostíbulos de carretera. Me pone nervioso ver tanta prostitución televisiva disfrazada de carantoña amorosa. Es la sexomanía que nos infecta para sustituir el sentimiento más puro por un simulacro rastrero. Al final nos obligan, como siempre, a adjetivar las cosas mejores de la vida con la etiqueta de “verdadero”. ¿Es que puede ser amor un amor que no sea verdadero? O es amor, o no lo es. O quiere el bien de la persona amada, o no lo quiere. O se encamina de forma radical hacia una persona digna de ser amada o se queda en un quiero y no puedo. Dicen que hay amores que matan. Claro. Son amores, no AMOR.

F. Javier Garisoain

ANGELES

24. ANGELES

CUANDO nos muramos lo entenderemos todo. Veremos con sorpresa cómo los ángeles son una pieza fundamental en el rompecabezas de este Universo. Y comprenderemos entonces hasta qué punto eran necesarios. Sin embargo mientras vivimos aferrados a esta bolita galáctica sólo disponemos de los ojos de la fe. Unos creemos en los espíritus. Otros se empeñan en no creer lo que les molesta. Los creyentes sabemos que ese Ser Supremo llamado Dios no se encuentra solo en su dimensión inconcebible. Los incrédulos enemigos de la contemplación sólo creen lo que  tocan, y a veces ni eso. Pero los ángeles existen mal que les pese, como existen las ánimas benditas (o no) de los difuntos... o como existe el alma de cada cual. San Miguel es mucho más que el entrañable relicario de Aralar. Y según las Escrituras tiene que dar mucho miedo que se te manifieste. Por otra parte pienso que los ángeles deben ser en realidad “gente” bastante normal. No creo, por ejemplo, que les haga gracia que se les ignore. Por eso me gustaría que fueramos más conscientes de que están ahí, soportando con la paciencia de quien no lleva reloj nuestros caprichos mezquinos. Y que están ahí también los “otros” espíritus. Porque los demonios de las películas de miedo son tan reales como el pecado y quien no reconozca su influencia maligna debería buscar una explicación más convincente para muchas cosas. En definitiva: que el mundo del espíritu está ahí, rodeándonos por doquier, y que seguirá produciendo teólogos -o brujos- mientras haya críos con dos dedos de frente que se paren un momento a mirar las ESTRELLAS.

F. Javier Garisoain Otero

RESIGNACIÓN

22. RESIGNACIÓN

LA resignación cristiana es una especie de humildad razonable que devuelve nuestra persona a un Dios eterno que nos ama. Un terremoto, una inundación, una enfermedad, son cosas inevitables que Dios permite para regalarnos luego bienes inesperados de forma misteriosa. Cuando suceden cobra sentido la resignación como paciencia ante la adversidad. Pero no confundamos este estoicismo sublimado de los creyentes con el papanatismo derrotista del que se entrega al poderoso de turno para reirle las gracias, o los crímenes. En las mercadocracias modernas estamos soportando con resignación muy poco cristiana cosas como la corrupción, la inmoralidad, la subversión del orden natural o cierto culto impúdico al euro, que hubieran sido intolerables para el pueblo católico de otro tiempo. Parecen cosa de otro planeta aquellas revueltas de antaño, los motines,  el dos de mayo, los comuneros, los irmandiños, los carlistas, los cristeros... Aquí ya no se levanta uno ni para ceder el asiento. El invento de la soberanía popular ha podido triunfar lleno de buenas intenciones, pero nadie negará que ha servido de paso para anestesiar cualquier rebelión genuinamente popular. Y encima ni siquiera ha conseguido eliminar esas pequeñas rebeldías injustas que pululan por doquier en forma de terrorismos inhumanos. Las cosas son complejas en este mundo imperfecto. Pero a veces pienso que no habría terrorismo si esta sociedad fuera capaz de rebelarse -con amor y verdad- como Dios manda. Si fuera tan resignada ante la Soberanía de Dios como rebelde ante los soberanos del MUNDO.

F. Javier Garisoain

RADICALIDAD

19. RADICALIDAD

EL dentista se preocupa por nuestros dientes. Y por eso nos radiografía la raíz. El jardinero cuida las flores. Y por eso pone o quita tierra de las macetas según sea el tamaño de las raíces. ¿Hay algo más radical que un dentista, o que un jardinero, en el desempeño concienzudo de sus cuidados? No. Yo no se por qué tendrá tan mala prensa el adjetivo en cuestión. Un radical estrictamente hablando es el que ama la raíz, el que la busca, el que la respeta, el que la reconoce, el que la sigue y hasta el que la quema cuando ya no sirve. Sin embargo nos empeñamos en confundir las cosas cuando llamamos radical al mono rabilargo que agita la copa del árbol alborotándola. O radical al que te rompe los dientes de una patada cuando no le caes bien. No señor. Esos no son radicales. Son gente superficial muchísimo más peligrosa porque algunas veces dan golpes que parecen caricias. Y otras veces dan besos traidores. Yo prefiero la gente que va a la raíz. Cuando aciertan lo hacen de pleno. Y si fallan, al menos no te hacen perder el tiempo. Todos los santos fueron gente intransigente, incomprendida, iluminada, fanática de la totalidad. Gente radical a los ojos de la comodidad institucional. Supieron ver las cosas desde su raíz. Y mucho más los santos fundadores, padres y madres de obras fructíferas que son la gloria de la Iglesia. Y no digamos los mártires. Ellos sí que fueron radicales. No se anduvieron por las ramas. Buscaron la raíz cuadrada de las matemáticas de Dios. Fueron al grano. La raíz de la raíz. El grano de MOSTAZA.

F. Javier Garisoain