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ESPECTACULO

55. ESPECTACULO

LO peor de ser esclavo no es la obligación de hacer lo que te manden. Lo peor es tener que ver lo que quiera el amo, y tener que pensar en lo que no te interesa. La peor esclavitud, y la más sutil, es la del espíritu. Un nuevo servilismo está avanzando bajo una apariencia entretenida y “espectacular”. Los mayores inventos modernos son en realidad grilletes que nos atan con cadenas invisibles a cosas que ni nos van ni nos vienen. La publicidad atosigante de nuestros días es tal vez el mejor ejemplo de lo que supone “meter por los ojos” pensamientos y deseos contra la voluntad libre de las personas. No tengo nada que objetar al espectador que ve lo que libremente quiere. Lo que me preocupa es comprobar que esos inventos modernos han sido concebidos para una comunicación unidireccional y dictatorial en el más puro sentido de la palabra. La interactividad es muy débil en la prensa y la radio; y nula en el cine y la televisión. ¿Por qué se unen, cada vez con más descaro, los poderes políticos, económicos y mediáticos?. Lo que algunos pretenden no es más que un nuevo y amable esclavismo y para ello necesitan que nos convirtamos en tranquilos espectadores. La promoción del individualismo, la ruptura de la familia, el derrumbe de las instituciones intermedias, nos dejan solos, a merced del discurso único. Solos y espectantes en medio de la masa en las gradas de un estadio. Solos y adormecidos escuchando el hilo musical que otros deciden. Solos en el paisaje espectacular que el amo ha elegido. Espectadores de un espectáculo sin ESPERANZA.

F. Javier Garisoain

MODA

34. MODA

A mi no me molesta la moda en sí misma por más que nos animalice un poco al quitarnos esa clase de libertad que llamamos originalidad. No me molesta porque contiene en sus fórmulas caprichosas todas las ventajas de los caminos ya andados. Nos releva de la obligación de pensarlo todo, nos ayuda a elegir, nos libera de terribles dudas estéticas y nos sostiene en medio de la batalla cruel de los gustos. Lo que no me agrada de las modas modernas es que pasen tan fugazmente de moda. Viendo esta aceleración trepidante con un poco de perspectiva se diría que la moda actual consiste en una rapidísima sucesión de volantazos estéticos. Las modas del siglo XXI pasan como una carrera de locos imponiendo modelos cuya estética está desfasada mucho antes de caducar materialmente. A veces hay submodas tan fugaces que necesitan vender productos envejecidos artificialmente. ¡Cuánta ropa resulta ridícula antes de parecer usada! Pero lo mismo sucede con los coches, que se quedan anticuados antes de precisar un cambio de aceite. Y lo mismo con los muebles, y con los bloques de viviendas que a los cinco años escasos ya parecen terriblemente orteras, y hasta con las plazas y el mobiliario urbano, acusadores insolentes de alcaldes que se creyeron progres. Estas pequeñas modas son como las olas de un mar encrespado. Se imitan unas a otras y se van y vuelven cada seis meses con idénticos ademanes. Hacen borrón y cuenta vieja porque no soportan lo definitivo. Son tan absurdos y tristes como los tatuajes reversibles, o como el DIVORCIO.

F. Javier Garisoain

SOPA

33. SOPA

¿POR qué se me ocurre ahora hablar de la sopa -menuda tontería- entre estos “babelicismos”? Tal vez sea porque -en general- admiro los grandes inventos: el fuego, la rueda, la sopa. O tal vez porque se me ha ocurrido ver en la sopa una metáfora simplona de ese alimento sustancioso que es la presencia de Dios mismo en toda su creación. Recuerdo que en aquellos años de las tertulias universitarias, -cuando pasaba las horas discutiendo en una desapacible esquina con un grupo fraternal autodenominado “Los amigos de helarte”- alguien me pidió que no metiese a Dios “hasta en la sopa”. Y yo le dije que también la sopa había que hacerla “como Dios manda”. Los deístas dieciochescos del frío “Ser supremo” despreciaban la sopa boba de los conventos. En cambio los pobres soperos intuían agradecidos el hueso del jamón en aquella sopa de forma análoga a como el creyente saborea la presencia del Creador en la vida de sus criaturas. Yo no digo que Dios sea la sopa porque eso sería panteísmo. Tampoco digo que Dios sea ajeno a la sopa porque eso sería deísmo. Yo lo que afirmo -con toda la Iglesia- es que Dios está “hasta en la sopa”. Y que allí donde no está es porque nosotros no hemos querido. Esta analogía de la sopa es muy pobre, lo reconozco, pero no es blasfema. Lo que quiero decir es que Dios no ha dejado el mundo de su mano. Que es nuestro padre y que nos quiere. Que quiere que hagamos las cosas “como El manda” y que quiere que le tengamos en cuenta permitiendo que su Espíritu todo lo ilumine y todo lo sustancie con su presencia... “hasta en la SOPA”.

F. Javier Garisoain

DEMOCRACIA

26. DEMOCRACIA

NADIE como la Iglesia Universal (esa pequeña monarquía absoluta y vitalicia con sede en Roma) propone un fundamento tan sólido en cuestión de democracia. La Iglesia nos enseña que todas las personas (el pueblo) son libres y responsables. Y Ella predica que mandar (el poder) es servir. La Iglesia es partidaria de que todos manden algo, aunque sea en proporciones desiguales, y no de que unos pocos lo manden todo. Por eso, en el sentido originario del término, los cristianos somos más democráticos que nadie y así lo hemos demostrado cada vez que hemos podido y querido forjar sociedades cristianas. Si democracia significa “poder del pueblo” es evidente que aquellas sociedades cristianas que inventaron Europa y sus catedrales eran más democráticas que ésta masa eurofórica que moldean los ideólogos de Bruselas. La Iglesia quiere pueblos en los que los padres y las madres manden, los maestros manden, los alcaldes manden, los mayores manden, los responsables de cada cosa manden en esa cosa, y que hasta los reyes y los políticos manden. La gente es libre, por tanto debe ser responsable, por tanto debe mandar además de obedecer. Mucho se habla hoy de democracia, pero el único poder que dejan al pueblo los que realmente mandan es el poder de pedalear un ratito cada cuatro años en la máquina electoral. Lo demás está ya todo pensado. No estoy diciendo que el sistema sea malo -aunque lo piense-. Lo que digo es que este sistema tan cómodo se parece más a un higiénico gallinero moderno que a una DEMOCRACIA.

F. Javier Garisoain Otero

REALIDAD

07. REALIDAD

LOS cristianos somos gente realista y práctica. Nuestros místicos más radicales y levitantes siempre han sido personas enamoradas de la realidad concreta. ¿No fue Santa Teresa de Jesús la que dijo que hasta en los pucheros anda el Señor? Pues eso. Este amor a la realidad que nos caracteriza nos hace libres como el explorador que abre los ojos y va hacia donde le da la gana. Libres como el niño que gatea por toda la casa. Libres como esas grandes aves que aunque parece que flotan “en las nubes” fijan cuando quieren su vista agudísima en el menor de los bichos terrestres. Los enemigos de la Iglesia nos suelen acusar de ceguera voluntaria pero ¿no serán ellos quienes tienen los ojos irritados de tanto prejuicio?. Algunos de esos ateos ideologizados son como el actor que está obligado a representar un papel. No pueden dejar que la realidad les influya cuando algo real contradice su teoría previa. Salen al mundo con el guión de lo que tiene que pasar y no admiten lo que pasa. Y si pasa lo niegan. Y si no pueden negarlo se tapan los ojos. Y como se tapan los ojos no ven y se pegan entonces la gran castaña. Los cristianos en cambio somos gente realista. No nos gusta invertir en esas fábricas de sueños nebulosos que son el cine o la televisión. Tampoco necesitamos drogas, ni decibelios, ni oscuridad para alimentar una fe supersticiosa. Nuestro Dios es real como la vida misma y hasta se deja tocar en el trocito de pan que comulgamos. Los cristianos no tenemos miedo a la verdad, ni a la vida, ni a la muerte. Por eso somos LIBRES.

F. Javier Garisoain

ARTE

06. ARTE

AQUELLA Europa cristiana y gloriosa, -esa civilización inconclusa llena de contenidos, valores, creencias y principios- esculpía un gólgota en cada cruce de caminos y un santo en cada plaza. En cambio esta Europa iconoclasta y ga-gá del siglo XXI está poniendo en cada esquina un absurdo trozo de metal que no dice nada porque no sabe qué decir. Una escultura abstracta es como una canción tarareada. Como el la-la-lá de Massiel. A veces tiene originalidad y una forma agradable, pero carece de contenido. Es por eso que la escultura abstracta se ha convertido en el juguete preferido de los políticos encuestistas. No les importa que guste o no la escultura pública. Sólo les importa que la oposición no tenga nada que oponer. Es por eso que nos amojonan con señales anodinas y vacías los barrios de la ciudad postmoderna. El arte abstracto es la expresión estética del relativismo que no se moja. Es como un gran signo de interrogación que se niega a utilizar el cerebro, que no afirma ni niega nada, que lo acepta todo, excepto la convicción. Si de nosotros dependiera, los cristianos sustituiríamos tanto emblema huero por santos y caballeros, por grandes hombres y alegorías escatológicas. Si pudiésemos haríamos de cada pedestal un retablo. Un capitel historiado en cada rotonda. Y lo haríamos contentos del deber cumplido, sabedores de que el arte, como toda la creación, ha sido llamado a un orden inmutable y divino que, cuando se contradice, deja paso a la muerte de la belleza misma en medio de los más espantosos abortos ESTÉTICOS.

F. Javier Garisoain