83. MILAGROS
NO se qué resulta más milagroso: si la fe en los milagros o la fe en su inexistencia. Y sin embargo existe un milagro que nadie explica. Un milagro patente, grandioso, tremendo, que no necesita testigos, ni demostración, ni experimentos. Me refiero a la misma existencia de un Universo que “es” cuando podía “no ser”. Si uno acepta con naturalidad ese milagro original qué es la creación de la nada de todas las cosas ¿qué es lo que le impide creer que pueda repetirse en cualquier instante aún cuando sea de forma parcial? Si uno reconoce que hay un elefante ¿por qué no va a creer que ha surgido un pelo en el elefante que ha reconocido? Yo creo que en el fondo milagros son todas las cosas que pasan. Algunas se mueven como las cartas del prestidigitador y por eso nos sorprenden más. Las otras suceden a una velocidad que llamamos normal, circunstancia que de ningún modo las hace explicables. Lo inexplicable no es la velocidad ni la normalidad ni la frecuencia con que ocurren los milagros sino la misma existencia de todo lo que podríamos concretar diciendo: “las cosas pasan”. Lo misterioso es que a veces llueve y que las plantas crecen y que los perros ladran. La miopía de las explicaciones progresistas, positivistas, evolucionistas y materialistas presuntamente científicas se empeña en describir detalles tontos y superficiales de las cosas. Se da aires de grandeza y no es mas que un niño que cuenta las piececitas de su colección. Se cree un dios pero tiene miedo a la verdad y por eso deja siempre cerrada a sus espaldas una puerta que no se atreve a ABRIR.
F. Javier Garisoain
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RELIGIOSIDAD
47. RELIGIOSIDAD
LA han llamado “popular” en tono despectivo. Como si ser cosa del pueblo fuera pecaminoso. La religiosidad colorista de las mil iglesias locales ha soportado lustros de risitas y menosprecios pero vuelve como siempre, purificada y fortalecida para manifestar la fe de la buena gente. ¿No se daban cuenta aquellos críticos sesudos que es ésta humilde y a veces infantil religiosidad popular casi nuestra única oportunidad de respirar aire puro? ¿Es que no se asfixiaban en el ambiente enrarecido de su catacumba?. Si no fuera por las procesiones, la Adoración Nocturna y las romerías tendríamos una iglesia de puros teólogos. Una iglesia nebulosa de sabios ilustrados. Una cabeza sin cuerpo. Una flor marchitándose sin tierra. Un precioso hongo subterráneo exquisito, raro, aislado. La religiosidad popular continúa la Misión en los caminos de Santiago, de Javier, y del Rocío. Empuja a la Iglesia a la predicación en las calles alfombradas del Corpus Christi. Representa los misterios de la pasión de Cristo a los ojos de todos los públicos. Levanta un portal de Belén en cada escaparate. Grita "¡aleluya!" con la voz de bronce de las campanas. Se vuelca en miles de estampitas que producen millones de jaculatorias, villancicos, novenas y rosarios. A los romanos que desfilan junto al Ecce Homo, a los pajes de los Reyes Magos que lanzan caramelos en la cabalgata, a los "Sanjosés" de barba postiza que posan en cada Belén viviente, a todos los devotos, penitentes y cofrades. Esta religiosidad llamada popular nos hace a todos MEJORES.
F. Javier Garisoain
LA han llamado “popular” en tono despectivo. Como si ser cosa del pueblo fuera pecaminoso. La religiosidad colorista de las mil iglesias locales ha soportado lustros de risitas y menosprecios pero vuelve como siempre, purificada y fortalecida para manifestar la fe de la buena gente. ¿No se daban cuenta aquellos críticos sesudos que es ésta humilde y a veces infantil religiosidad popular casi nuestra única oportunidad de respirar aire puro? ¿Es que no se asfixiaban en el ambiente enrarecido de su catacumba?. Si no fuera por las procesiones, la Adoración Nocturna y las romerías tendríamos una iglesia de puros teólogos. Una iglesia nebulosa de sabios ilustrados. Una cabeza sin cuerpo. Una flor marchitándose sin tierra. Un precioso hongo subterráneo exquisito, raro, aislado. La religiosidad popular continúa la Misión en los caminos de Santiago, de Javier, y del Rocío. Empuja a la Iglesia a la predicación en las calles alfombradas del Corpus Christi. Representa los misterios de la pasión de Cristo a los ojos de todos los públicos. Levanta un portal de Belén en cada escaparate. Grita "¡aleluya!" con la voz de bronce de las campanas. Se vuelca en miles de estampitas que producen millones de jaculatorias, villancicos, novenas y rosarios. A los romanos que desfilan junto al Ecce Homo, a los pajes de los Reyes Magos que lanzan caramelos en la cabalgata, a los "Sanjosés" de barba postiza que posan en cada Belén viviente, a todos los devotos, penitentes y cofrades. Esta religiosidad llamada popular nos hace a todos MEJORES.
F. Javier Garisoain
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